viernes, 21 de septiembre de 2012

Capítulo 25: Hospital y tarde-noche de bolera.



Me desperté tarde. A eso de las 12:30h. Elena seguía dormida.
María: Elena, venga, despierta que es muy tarde. Son las doce y media y tenemos que ir al hospital.
Elena se hacía la remolona.
Elena: María, vamos después de comer, mejor.
María: Pero si no despiertas ya, luego no vamos a comer.
Elena: Cinco minutitos más, por favor.
María: Lo que tarde en hacer el desayuno.
Elena: Yo no quiero desayunar. Luego a las dos o así comemos y ya está.
María: Yo sí voy a desayunar. Ve saliendo ya.
Hice el desayuno, mientras Elena se despertaba. Cuando empecé a desayunar, Elena se levantó. Terminé de desayunar y me duché. Luego, cuando me sequé el pelo, encendí el móvil.
Sonó el teléfono, y pensé que era un WhatsApp de Sergio, pero no, era una llamada de Carlos. Le llamé.
María: Carlos, ya estamos empezando a prepararnos…Sí…Vale…Hasta ahora.
Colgué.
Elena: ¿Quién era?
María: Carlos, en 15 minutos están aquí, que pasan a buscarnos para ir a comer juntos.
Elena: ¿En quince minutos? No me da tiempo de arreglarme.
Empezamos a vestirnos. Me puse un short con una básica fucsia y unas sandalias muy bonitas, atadas a la pierna. Me pinté la raya del ojo y un poco las pestañas, me di cacao con brillo en los labios y me eché colonia. Estaba lista.
María: Elena, ¿te queda mucho?
Elena: No, pintarme un poquito y calzarme.
María: Vale.
Puse la tele. No había nada. Miré el móvil. No había nada. Elena terminó de prepararse y justo llamaron al timbre. Eran los chicos. Bajamos. Fuimos a comer a un McDonald’s.
Dani: Irene, ¿dónde está? ¿No va a venir a comer?
Elena: No sé, no hemos hablado con ella. Está en el hospital, velando de Mirian.
Álvaro: Bueno, vale.
Fuimos a un McDonald’s. Comimos y nos fuimos al hospital. Me encontraba poco bien.
Blas: ¿Mirian qué tal va?
Irene: Bien. Está muy bien. Se ha despertado y ha desayunado unas magdalenas que le he traído.
María: Entonces va mejorando. Me alegro.
Entramos todos en la habitación. Estaba Mirian sola. Nadie más. Estuvimos toda la tarde. A eso de las 21:00h de la noche, Álvaro preguntó qué hacer. Salimos de la habitación a debatir.
Blas: No sé. Lo que queráis.
Irene: Yo hoy necesito dormir. He estado en vela toda la noche. Yo me voy para casa. ¿Te vienes María?
María: No sé qué voy a hacer.
Carlos: ¿Os venís a cenar y luego nos hacemos unas boleras?
Elena: Vale.
Vimos llegar por el pasillo a Leticia y Alba.
Irene: ¡Chicas!
Corrieron.
Leti: ¿Qué tal?
Nos saludaron.
Alba: Vamos a saludar a Mirian, y darle su cena.
Dani: Pues si se quieren venir Alba y Leti también, genial. Así las partidas van por parejas.
Irene: Conmigo no contéis. Yo me voy a ir a casa a dormir ya.
Álvaro: Como quieras.
Irene se despidió de nosotros. Entró a la habitación a despedirse de Mirian, Alba y Leti.
Irene: Adiós chicos.
Estuvimos como 5 minutos en la sala de espera y salieron Alba y Leti.
Alba: ¿Qué plan tenemos?
David: Ir a cenar por ahí.
Carlos: Sí, y luego a una bolera a echar unas partidillas.
Blas: Genial. Pero antes, tengo que hacer algo.
Blas entró en la habitación. Se despidió de Mirian. Salió cuando habían pasado escasos 3 minutos.
Blas: Ya estamos. ¿Vamos?
Nos fuimos del hospital. Mirian se quedó viendo la tele desde la cama de su habitación. 
Álvaro: ¿Cogemos un bus, o el metro?
Dani: Creo que nos dejará más cerca si cogemos el metro. Subes y está al lado.
Hicimos eso. Cogimos un metro. Llegamos muy pronto. Cenamos en una bocatería.
Alba: Vamos a ver que hay para cenar.
Elena: Yo quiero el nº 2.
María: Pues yo el 4.
Pedimos la cena y estuvimos cenando ahí, riéndonos y contándonos nuestras batallitas.
David: Jaja, me acuerdo de cuando me caí con la bici.
María: ¿Tú también te caíste?
David: Sí.
María: Anda, yo también. Jaja.
David & María: Y me rompí la barbilla.
David: ¿Enserio? ¿Te rompiste la barbilla?
María: Sí.
Estábamos sentados al lado. Le enseñé la cicatriz. Luego me la enseñó él. Seguimos cenando y riendo.
Leti: ¿Hemos terminado todos de cenar?
Blas: Así es.
Elena: Pues a la bolera.
Álvaro: Decidme el número que calzáis, para iros pillando las zapatillas.
Se lo dijimos. La bolera estaba bar adentro. Molaba un montón. Mientras nos calzábamos miré el móvil. Había una llamada. Era de Sergio. Le llamé.
María: Sergio.
Sergio: Cielo, ¿qué tal? ¿Dónde estabas?
María: Estoy bien. He estado en el hospital, y ahora estamos todos en la bolera. Echaremos unas partidas.
Sergio: Ah, genial.
María: Y tú, ¿qué tal?
Sergio: Bien. Mañana tengo partido.
María: ¿Dónde jugáis?
Elena me hacía señas como para decirme que fuese ya.
Sergio: Aquí, en Sevilla. ¿Tú no vienes?
María: Sergio, cielo, estamos a viernes. Pasado mañana ya estoy allá, contigo, juntos otra vez. No queda nada.
Sergio: Pero es que te echo mucho de menos.
María: Y yo. Pero piensa que en nada estoy ahí. Y mañana a darlo todo, ¿eh?
Sergio: Sí. Necesitamos ganar. Bueno, preciosa, que si estás con amigos, te dejo. Llámame cuando quieras. Te quiero.
María: Ganaréis. Ya lo verás. Vale, gracias. Luego te llamo. Te quiero más.
Colgamos. Fui donde estaban los demás.
Alba: Esto de estar enamorada, no puede ser, ¿eh María?
Todos nos reímos.
David: Bueno, ¿esto como va?
Álvaro: Le he dicho al chaval de individual. Que cada uno haga sus puntos.
Elena: Perfecto. ¿Empezamos?
Carlos: Vale. ¿Quién empieza?
Blas: Empieza Alba, Álvaro, luego iré yo, luego tú Carlos, Elena, Dani, David, Leticia y la última María.
María: Vaya fiasco, yo la última.
Y me eché una carcajada. Estuvimos jugando. Iba ganando Dani, luego Carlos y la 3ª iba yo.
Álvaro: Jobar con María. No nos habías dicho que se te daba bien esto.
María: Ya ves Alvarito, ya ves.
Mientras no jugábamos estábamos sentados en una mesa redonda.
Leti: ¿Queréis tomar algo?
Dani: Bueno, vale.
María: Decid, que os las traemos ahora mismo.
Nos dijeron los refrescos y fuimos Leti y yo a pedirlos. Yo traía como podía 5 vasos, y Leti otros 4 más. Hicimos una pausa, para tomarnos las bebidas.
Blas: Menuda paliza nos están metiendo los rubios. ¡Jodidos!
Dani llevaba a Carlos más de 20 puntos. Y Carlos a mí más de 15.
Dani: Al saber le llaman suerte.
Carlos: Vosotros, que tenéis la mano torcida.
David: Bueno, María no, que también va en cabeza.
Carlos: Cierto es. Pero lo demás. Nada, nada.
Todo iba en broma. Todos nos reímos. Terminamos de bebernos los refrescos y retomamos la partida. Cerca estaban jugando una pareja. Seguimos jugando. Empezó a dolerme la cabeza. Quedaba una ronda.
Dani: Cada vez estoy más cerca de hacerme con la victoria, chavales.
Carlos: Salvo que haga un pleno doble, que te vas al hoyo, don Daniel.
Todos: jajajaja.
Le tocaba a Alba.
Alba: Mierda. La maldita bola se va fuera. Pff, ya que no he hecho nada, no me deja sumar.
Álvaro: Pero si ya se sabe quien va a ganar.
Leti: Va, Álvaro, tu última bola.
Álvaro: Allá voy.
Álvaro tiró y en total solo pudo sumar en esta tirada 5 puntos. Era el turno de Blas. Tiró, y tan solo puntuó 7 puntos.
Carlos: Mi turno. ¡Vamos rubio, vamos!
Todos nos reímos. Se daba ánimos el solo.
Carlos: ¡Tomaaa, pleno!!
Era el turno de Elena. Con la primera bola, tiró 4 bolos, y la segunda se le fue fuera.
Dani: Si hago más de 6, gano.
Y sonrió. Tiró, y con la primera bola tiró solo uno.
Carlos: Va Danielito.
La competitividad que Carlos y Dani tenían no superaba a la amistad que les unía.
Dani: Vamos. Vamos. Vamos.
No paraba de susurrar Dani. Consiguió tirar 5 bolos más, lo que le hacía ganador, aunque Carlos hiciese pleno en el que le quedaba de tirar.
Dani: ¡Ue!
Todos nos reímos. Era como un crío cuando les dan un caramelo.
David: Tiro, por tirar. A ver que sale de aquí.
Y entonces todos los bolos cayeron.
Alba: A partir de esta noche pienso tirar por tirar siempre. Toma plenazo.
David sonrió. Le tocaba a Leticia.
Leti: Anda, me toca. A ver si supero los 30 puntos.
No lo consiguió, tan solo logró 28 puntos, en toda la partida.
Álvaro: María, te toca. Va, tú puedes.
María: Yo puedo, yo puedo.
Tiré, e hice pleno. Tocaban las rondas de pleno doble. El primero en tirar era Carlos que tan solo consiguió sumar 3 puntos más. Luego tiró David. Y sumó 9.
David: Te acabo de igualar, guapa.
María: Ya verás como ahora se va fuera, y nos quedamos empate.
Tal cual se lo dije, así salió. Cuando estaba para darle a un bolo, la bola de 7 kilos cayó al caudal lateral de la pista y no conseguí sumar nada.
Elena: Pues nada, que ha ganado Dani, luego Carlos y el tercer puesto es vuestro, chicos.
David: Así es. 

miércoles, 11 de julio de 2012

Capítulo 24: McDonald's, cine, shopping, cena y unos cuantos WhatsApp’s


Fuimos a un McDonald’s del centro. Pedimos y no tardaron nada en servirnos, aunque había bastante gente.
Blas: Han dicho que pasado mañana le dan el alta a Mirian, ¿no?
Alba: No, el domingo.
María: Si le dan el alta, me voy a Sevilla. No aguanto más sin verle.
Dani: Enamorada de la vida.
Empezamos a comer. Hablamos de todo un poco. Terminamos de comer.
Irene: ¿A dónde vamos?
Leti: A donde queráis.
María: A mí, me da igual.
Carlos: ¿Queréis que vayamos al cine?
Irene: Sí, buena idea.
María: Pero yo antes, me iré a cambiar a casa y a dejar la bolsa y todo.
David: Si quieres te acompaño.
María: Vale.
Álvaro: Nosotros vamos yendo a Príncipe Pío. Si eso, cogemos la peli de las 18:00h. para que os de tiempo a venir.
David: Genial. Ahora venimos.
Los chicos se fueron directos a la parada del autobús. David y yo, a por el coche suyo.
María: Elena, espera. Dame las llaves, que yo no las tengo.
Elena se acercó y me las dio.
David: Bueno tú me indicas por dónde vamos.
María: Perfecto. Gracias.
David: De nada, guapa.
Le dije donde estaba el apartamento. Llegamos muy pronto.
David: Bueno, cuando termines, bajas.
María: No seas tonto, sube, anda.
David: Pero que de verdad, no pasa nada. Me quedo aquí.
María: No te dejo que te quedes aquí. Sube.
Al final David subió. Le ofrecí beber y comer algo, pero no quiso. Luego puso la televisión. Yo, mientras, me vestía. Me puse un vestido, blanco y la parte del vuelo, abajo, floreado. Muy bonito. Luego, unas cuñas, preciosas, que me había regalado Sergio. Me fui al baño a adecentarme. Me peiné mejor y me maquillé un poquito. Cuando terminé llamé a Sergio.
Sergio: Preciosa mía, ¿qué tal todo?
María: Todo bien. He venido al apartamento a cambiarme y ahora iremos al cine. Que hemos quedado con los chicos estos que te dije que habían conocido y son majísimos.
Sergio: Disfruta.
María: Gracias, y ¿tú qué? ¿Qué tal el día?
Sergio: Agotador, nos han machacado en el entrenamiento, me pasaré la tarde viendo la tele.
María: Genial. Luego, cuando termine la peli y venga al apartamento te llamo, ¿va?
Sergio: Vale. Te amo.
María: Yo más.
Salí del baño. David seguía recostado en el sofá. Eran las 16:45h. Llamamos a los chicos pero nadie contestaba. Iban a coger el metro y demás y por eso no tenían cobertura. No sabíamos dónde estaban así que decidimos quedarnos a ver un poco la tele.
David: Qué guapa.
María: Gracias. ¿Quieres beber algo?
David: No, gracias.
María: ¿Y comer?
David: Tampoco. Anda, siéntate y vemos un rato la tele, a ver si ven estos las perdidas y nos llaman o algo.
María: Vale.
Estuvimos viendo un documental de animales salvajes.
David: Cuando era pequeño, mis padres me compraron un perro. Le torturaba, porque yo quería un león.
Me reí. Seguimos viendo el documental. Se nos pasó el rato muy rápido. Eran las 17:15h.
María: ¿Y si llamo a Irene? Ya habrán llegado.
David: Te incomodo, ¿verdad?
María: Para nada. Estoy muy a gusto contigo. Pero habíamos quedado en ir al cine.
David: Lo sé. ¿A quién quieres que llame?
María: Tranquilo. Llamo yo a Irene, si no contesta, llama a Carlos, o a Dani.
Llamé a Irene. Ya estaban allá, nos habían comprado las entradas y estaban en el McDonald’s comiéndose un McFlurry. Bajamos y me monté adelante del coche. Llegamos pronto. Aparcamos en la calle. Entramos rápido, porque eran las 17:50h.
David: Llegamos seguro.
María: Sí, lo que no sé es dónde nos estarán esperando.
David: Vamos rápido. Así llegamos aún antes.
María: Va. ¿Echamos una carrera?
David: Venga.
María: Pero no vale. Yo llevo zapatos y me voy a matar.
Nos reímos.
David: Bueno, pues te dejo distancia.
Entramos. Estaban todos en la entrada de los cines esperándonos. Vimos la peli, al terminar la película estuvimos en las tiendas de P.P. y luego cenamos en un restaurante del Centro Comercial. Era tarde. Las 22:30h. cuando Elena y yo nos despedimos de los demás. Habíamos quedado en llamarnos para pasarnos al día siguiente al hospital, todos juntos. Llegamos a casa, agotadas. Encendimos la televisión, nos pusimos los pijamas y yo llamé a Sergio. El teléfono aparecía apagado. Le mandé un whatsapp.
Texto de WhatsApp:
Sergio, supongo que estarás durmiendo. Acabamos de llegar del cine, de shopping y de cenar. Me iré a dormir en nada. ¿Mañana tienes entrenamiento o partido? ¿A qué hora? Es para llamarte. Bueno…supongo que mañana, viernes, nos dirán cómo va la evolución de Mirian. Así que, ya te contaré. El domingo, si le dan el alta, compraré los billetes para ir para allá, que te echo muchísimo de menos. Te amo.
Se lo envié.
Elena: ¿Qué tal vas con este chico?
María: Bastante bien. Es un encanto.
Vimos un programa que echaban en la tele. Nos fuimos a la cama muy pronto.
María: Tía, me estoy muriendo de sueño. Me voy a dormir.
Elena: Vale. Yo también me voy. Los programas a estas horas son una porquería.
María: Sí. Hasta mañana.
Me fui a la habitación que ocupaba yo, cuando vivía con Mirian. Elena fue al cuarto de invitados. Se me olvidó apagar el móvil. Me dormí muy pronto. A las 5 de la mañana me sonó la BlackBerry, una notificación de Whatsapp o SMS.
Texto de WhatsApp, de Sergio:
Cariño. Tengo entrenamiento mañana. Pasado, el sábado, tengo partido contra el Valencia, aquí, en Sevilla. Me acabo de despertar por dolor de cabeza. Me he echado en la cama cuando he venido de entrenar. Pero parece que me he pillado un buen catarro. Te echo de menos, princesa. Te amo.
No podía dormirme sin contestarle. Pero se me cerraban los ojos. Le mandé un WhatsApp, sin saber bien qué le contestaba.
Texto de WhatsApp:
Muchísima suerte para el sábado. Ya siento no estar ahí, cuidándote. Espero que te recuperes. Tómate un frenadol o un espidifen y vuelve a dormir. Recupera fuerzas. Te quiero.
Me contestó al instante.
Texto de WhatsApp, de Sergio:
¿Estás despierta? ¿A las 5 de la mañana? J
Texto de WhatsApp, de María:
Sí, se me olvidó apagar el móvil, y como lo tengo en alto, me ha despertado. Bueno, recupérate. Mañana te llamo.
No tardó nada en responder.
Texto de WhatsApp, de Sergio:
Jobar, ya lo siento, bonita. Vuelve a dormir, que yo me voy a tomar ya algo, a ver si se me pasa el dolor. No te preocupes, mañana te llamo yo, cuando termine de entrenar. Te quiero. Descansa.
Le contesté, casi dormida.
Texto de WhatsApp:
No pasa nada. Vale, tómate algo y duerme, te vendrá bien. Mañana hablamos. Te quiero.
Apagué el móvil y me dormí.

martes, 10 de julio de 2012

Capítulo 23: Mirian despierta


Tomás: Vale. Por cierto, María, tengo una cosa para ti.
María: ¿Para mí?
Tomás: Sí. No es mía. Me la han dado para ti.
María: ¿Y eso? ¿Quién te la ha dado? ¿Qué es?
Tomás: Tú eres un poco curiosa, ¿no?
Irene: No lo sabes tú bien.
No me dijo nada más. Al llegar al hospital se bajó del coche Irene. Me quedé yo dentro con él, pasándome al asiento delantero.
María: ¿Qué me tenías que dar?
Tomás: Ah, sí.
María: ¿Qué es?
Tomás: Lo tengo en el maletero. Espera.
Salió del coche, abrió el maletero y sacó una bolsa de Adidas con el escudo madridista. Subió al coche, y aparcó en un parking que había al lado. Irene ya había entrado al hospital.
Tomás: Me lo ha dado un compañero mío, al que le has parecido muy guapa. También me ha dicho, que algún día podríamos quedar con él. Tú, él y yo. Y si quieres, alguna amiga tuya.
María: Y, ¿de quién me hablas?
Tomás: No sé si le conocerás. Se llama Álvaro. Álvaro Morata.
María: Claro que le conozco. ¿Y qué te ha dado para mí?
Tomás: Me ha dicho, que podría darte algo muy personal suyo, por eso ha decidido regalarte su camiseta.
María: ¿Con la que ha jugado?
Tomás: No, una nueva.
María: Ah, vale.
Me reí, sin saber por qué.
Tomás. Bueno, pues eso. Que me ha dado la bolsa, supongo que irá la camiseta dentro.
María: Me gustaría agradecérselo en persona, pero yo me iré mañana, seguramente. Tengo que volver a Sevilla.
Tomás: No te preocupes, ¿volverás pronto?
María: No lo sé.
Tomás: Bueno, pues como quieras.
María: Gracias por todo.
Le di dos besos y me bajé del coche. Entré al hospital.
Irene estaba esperándome en la recepción del hospital.
Irene: ¿Y eso? ¿Es para mí?
María: No, es un regalo de un amigo de Tomás para mí.
Subimos a la planta en la que se encontraba Mirian. Los chicos estaban fuera de la habitación, también Elena. Alba y Leti no estaban.
María: ¿Qué hacéis aquí?
Blas: Nos han pedido que saliésemos de la habitación.
Dani: Sí porque iban a ver que tal estaba Mirian, a ver si despertaba ya.
María: ¿Aún no ha despertado?
Elena: No.
María: Joder. Y, ¿no os han dicho nada?
Carlos: Nada de nada.
María: Estoy muy preocupada.
David: Tranquila, guapetona. Mirian va a despertar ya. Ya lo verás.
María: Ojalá.
Aparecieron por el principio del pasillo Leticia y Alba.
Irene: Son Alba y Leticia, ¿no?
Me preguntó Irene, ya que le había hablado de ellas, pero no se conocían.
María: Sí. Son majísimas.
Llegaron a la salita donde estábamos. Solo había una silla libre.
Alba: Siéntate tú.
Leticia: No, prefiero quedarme de pie.
María: Sentaos las dos. Prefiero estar de pie. Así se me pasan los nervios.
Dani: María tranquilízate. No va a pasar nada. Todo va a salir genial.
Estuvimos callados todos. Solo sonaba el teclado de la BlackBerry de Blas. Al rato salió una enfermera.
Enfermera: Chicos, buenas noticias.
Se me escapó una sonrisa. Blas dejó de mandar WhatsApp’s.
Enfermera: Mirian acaba de despertar, pero por razones obvias no podéis entrar todos, de golpe. Solo podéis entrar de uno en uno, ¿vale?
Irene: Está bien.
Enfermera: Cualquier cosa que observéis, avisadnos, por favor.
Blas: Y, ¿cuándo podréis darle el alta?
Enfermera: Según su evolución durante lo que queda de semana.
Estábamos a jueves. El domingo le harían una revisión. La enfermera desapareció.
David: Creo que lo lógico es que la que primero entre sea María.
Carlos: Sí. Y luego que entre Blas.
María: ¿De verdad que me dejáis?
Álvaro: Eso ni se pregunta.
María: Gracias. Ahora salgo.
Entré en la habitación con una lagrimilla sin terminar de recorrer toda mi cara. Mirian estaba recostada en la cama.
Mirian: ¡María!
María: Mirian, cielo. ¿Qué tal te encuentras?
Me senté en un borde de la cama y le abracé.
Mirian: Muy bien. ¿Cuándo has venido?
María: Vine cuando me enteré. Lo que pasa es que Tomás, el que conocí en Sevilla me ha llevado a ver un partido del Castilla y he llegado hace un rato.
Mirian: Muy bien me parece. ¿Y Sergio? ¿Ha venido también?
María: No, él se ha quedado en Sevilla.
Mirian: Ah, vale.
Estuvimos hablando un rato de todo. Me contó cómo habían conocido a los chicos. En una discoteca de Madrid. Que a Elena, como bien yo suponía, le gustaba Álvaro.
María: Bueno, dejo que entre otra persona, que todos están deseando verte, y no dejan entrar a más de una persona. Antes de irnos, vendré a despedirme.
Mirian: ¿Te vas ya a Sevilla?
María: No, pero seguramente dormiré en el apartamento, que desde que vine, no he descansado bien.
Mirian: Bien me parece.
Salí de la habitación. Entró Blas. Mientras me retiré del grupo y llamé a Sergio.
Sergio: Cariño mío.
María: Mi amor, ¿qué tal estás?
Sergio: Echándote de menos. Y, ¿tú? ¿Qué tal todo?
María: Mirian ya se ha despertado y parece muy contenta. Además ahora va a estar ocupada con un chaval.
Sergio: ¿Y eso?
María: Porque la semana pasada quedaron Irene, su prima Carla, Elena y Mirian para ir a una discoteca y allá conocieron a cinco chicos, y uno de ellos está detrás suya.
Sergio: Anda, pues me alegro mucho por ella. ¿Tú cuándo vuelves? La cama se me hace enorme sin ti.
María: El domingo le harán la última prueba y si sale todo bien le darán el alta.
Sergio: ¿Quieres decirme con eso que te quedarás a esperar los resultados, no?
María: Me gustaría irme ya tranquila.
Sergio: Bueno, está bien.
Colgamos. Entró Blas y al poco salió. La siguiente en entrar era Irene. Mientras estuvo dentro yo, en la sala de espera, saqué la camiseta de dentro de la bolsa que me acababa de dar Tomás.
Carlos: ¿Y eso?
María: Tomás me lo ha dado. Es de un compañero, que me lo ha querido regalar.
Dani: De un compañero, ¿eh?
María: Sí, de Álvaro, Álvaro Morata.
Álvaro: ¿Ese es amigo de tu amigo?
Me reí. Blas seguía enganchado a su BlackBerry.
María: Sí. Juegan en el Castilla. Me ha regalado una camiseta. Mirad.
La saqué y se la enseñé a todos. No me di cuenta que había una dedicatoria dentro de la bolsa que salió disparada al sacar la camiseta.
David: María, se te ha caído una carta.
La cogió.
David: ¿La puedo leer?
María: Por supuesto.
Comenzó a leer.
David: “No te conozco personalmente. Aunque no me importaría, la verdad. Tomás me habla mucho de ti. Y es cierto que no mintió, cuando nos comentó que había conocido en Sevilla a una chica guapísima. No me refiero a tu amiga, sino a ti. Vale, igual voy un poco rápido. No sé si tienes pareja, aunque no me extrañaría porque eres preciosa. Pero si no tienes, a mi no me importaría. Bueno, siempre que tú quieras conocerte. Pff, me cuesta. No quiero parecer demasiado abierto, no soy así. Pero es que, me has gustado mucho. Tomás ya nos lo dijo. Pero no lo creí, hasta hoy. Tendría que estar duchándome, para irme a comer cuanto antes. Pero aquí estoy, escribiéndote esto. Luego me ducho, jejeje. Bueno, pues eso. Si quieres conocerme o tener una amistad más o lo que sea, pídele mi número de teléfono a Tomás. Y ojalá leas esto. Bueno, guapísima, que encantado de haberte visto y a ver si vienes más a animarnos.
Un beso, Álvaro Borja Morata Martín.”
Blas: Este tío va enserio.
Blas, parece que no, pero cuando mientras manda whatsapp’s escucha y se entera de todo.
David: No me extraña que te escriba esto. El chaval, al menos, es sincero.
Irene salió de la habitación.
Irene: Mirian dice que pase el siguiente, si alguien quiere pasar.
Nadie dijo nada.
María: Bueno, si nadie va a entrar, me despido de ella y si queréis nos vamos a dar una vuelta.
Todos asintieron. Entré y me despedí de ella.
María: Mirian, yo mañana me paso a ver que tal vas, ¿vale?
Mirian: Como quieras.
Me fui.
Leti: ¿A dónde vamos?
Irene: A donde queráis.
Álvaro: A un McDonal’s a comer, ¿qué os parece la idea?
María: Por mí genial.
Carlos: Sí, que yo voy teniendo hambre.
Alba: Vamos. 

jueves, 5 de abril de 2012

Capítulo 22: Victoria del Castilla


Hicimos los turnos toda la noche. Al amanecer tenía dos llamadas de Tomás. Quedamos en una hora. Salí de la habitación y fui a la cafetería. Cuando estaba terminando de desayunar, aparecieron David y Carlos.
Carlos: ¿Te vas a ir?
María: Sí.
David: ¿Con quién?
María: Con un amigo.
Carlos: Disfruta.
María: Gracias, luego os llamo.
Me fui. Entré a los servicios, me cambié de ropa y me arreglé un poquito la cara. Cuando salí, ya estaba Tomás esperándome.
Tomás: Que guapa estás.
Al llegar a la ciudad deportiva, Tomás me hizo bajarme del coche, antes de entrar al parking. Había muchos periodistas y paparazzis que no paraban de hacernos fotos. Bajé del coche. Se me acercó una periodista, mayor que yo.
Periodista 1: ¿Desde cuándo Tomás y tú estáis juntos?
Periodista 2: ¿Es Tomás cariñoso contigo, su primera pareja reconocida?
Periodista 3: ¿Vivís ya juntos?
María: Tomás y yo somos solo amigos. Yo tengo pareja.
Periodista 2: ¿Cuál es el nombre de tu novio?
Periodista 4: ¿Puedes decirnos cómo es Tomás en la cama?
María: Dejadnos en paz, a Tomás y a mí. Somos amigos.
Periodista 5: Claro, y por eso venís juntos, ¿no?
Periodista 1: ¿Dónde y cuándo os conocisteis? ¿Desde cuándo estáis juntos?
María: Le conocí en Sevilla, somos amigos, no hay nada más entre nosotros.
Periodista 3: ¿Crees que Tomás va a estar más centrado pensando en ti, que el en partido?
Me vi en un círculo del que no podía salir. Yo estaba muy enamorada de Sergio. Y no solo me hacían esas preguntas. Muchas más, y encima todo lo estaban grabando. En unas cámaras ponía TELEMADRID, en otra TVE, en otras el logo de LA SEXTA, …
María: Bueno, que tengan un buen día. Y si de verdad estáis licenciados en periodismo deportivo, dedíquesen a eso. No a otras cosas.
Entre al estadio. Mi asiento estaba detrás de los banquillos. Mientras caminaba, oía mi nombre, voz que yo ignoraba. Cuando me senté, noté cómo alguien me cogía del brazo.
X: María, cuánto tiempo, ¿qué tal todo?
Era Irene, la chica que había conocido hacía unos años en la playa y que vivía en Madrid.
María: Irene, guapísima. ¡Qué sorpresa!
Le di un abrazo. Le conté lo que le había pasado a Mirian y que por eso estaba aquí. También le informé de que estaba con Sergio. Ella tenía el bono unas filas más atrás, pero como no había venido nadie a mi lado, se pasó al lado mío.
Irene: Y, ¿cómo que te ha dado por venir a ver al Castilla?
María: Me ha invitado un amigo.
Se acercó Tomás para dejar la sudadera, porque comenzaba el partido.
Tomás: No te preocupes por lo que dicen. No tienen nada qué hacer. No les hagas caso. Los dos sabemos que todo son rumores, rumores falsos.
María: Lo sé. Pero me da miedo que esto salga en la televisión.
Tomás: No saldrá, ya lo verás.
Le llamó Toril, su entrenador, porque empezaban ya.
Tomás: Toma, mi sudadera.
María: Mucha suerte.
Tomás se fue corriendo hacia su portería. Pero, es que, mientras estábamos hablando, muchos periodistas nos estuvieron echando fotos.
Irene: ¿Tomás es tu amigo?
María: Sí. Bueno, le conocí en Sevilla.
Irene: Casi me muero cuando le he tenido tan cerca. Muero con él.
María: ¿Te gusta? ¿Tanto?
Irene: No lo sabes tú bien.
María: Bueno, pues esto te pertenece.
Le di la sudadera de Tomás.
Irene: ¿Enserio? ¿Me la das?
María: Tuya es.
Me abrazó. Empezó el partido. Pitaron penalti, injusto, en contra del Castilla. Tomás, concentrado, nos miró, guiñó un ojo, y cuando el árbitro pitó, el delantero del Coruxo, equipo contra el que jugaban, chutó. Tomás se tiró, volando, literalmente. En la caída, cogió el balón, pero tuvieron que entrar las asistencias médicas.
Irene: ¡No!
Fue un grito que retumbó en el estadio. Terminó la primera parte. El Castilla empataba contra el Coruxo, con la gran intervención de Tomás. Fui a por una coca-cola. Detrás de mí venía una tropa de periodistas que no paraban de lanzar preguntas. Les ingoré. En nada empezó la segunda parte. Tomás parecía algo mejor.
Irene: Tomás, ¡GUAPO!
La gente me miraba a mí.
María: Irene, he tenido antes un malentendido con los periodistas. Se cree la gente que Tomás y yo estamos saliendo, y …
No me dejó terminar la frase.
Irene: ¿¡Estáis saliendo!?
María: Que va. Somos amigos, no hay nada más. Pero como él me ha traído aquí, los periodistas se creen que estamos juntos.
Irene: ¿Pero no sois nada?
María: No.
Estábamos hablando del asunto, sin darnos cuenta de que el RMCastilla acababa de marcar. Joselu había marcado a 15 minutos del final. Los del Coruxo apretaron mucho, y tuvieron alguna ocasión, pero al final conseguimos ganar. Los jugadores blancos aplaudieron al público y se fueron hacia los vestuarios, excepto Tomás, que se acercó.
Tomás: María, espérame que te llevo yo a donde quieras.
María: Da igual. Cojo ahora un bus y ya está.
Tomás: De eso nada. Espérame, por favor.
María: Está bien. Te espero afuera.
Tomás entró en los vestuarios.
Irene: Bueno, yo ya me voy.
María: Tú no te mueves de aquí. Tomás te va a dar dos besos.
Irene: Pues vete llamando a la ambulancia. ¿Quieres que me dé un ataque? Además, ¿cómo me va a llevar, si no me conoce de nada?
María: Quiero que seas feliz. Que disfrutes. Y ya verás como sí que te lleva.
Salimos del estadio. Nos quedamos hablando de todo un poco. Tomás tardó como tres cuartos de hora.
Tomás: Sube.
María: No, que yo me voy con ella. Gracias
Tomás: Pues que suba ella también.
Irene: ¿Enserio?
Tomás: Sí.
Tomás sonrió.
Irene: Muchas gracias, de verdad.
Me puse detrás con Irene. Le susurré.
María: ¿Has visto?
Irene: Muchas gracias María.
Me abrazó emocionada.
Tomás: ¿A dónde queréis que os lleve?
María: A mi me gustaría ir al hospital.
Irene: Sí, yo también quiero ir al hospital.

lunes, 19 de marzo de 2012

Capítulo 21: Viaje relámpago, PARTE II. El post-operatorio

No nos dejaron quedarnos en la habitación, y por eso nos bajamos abajo a esperar. Llamé a Sergio para decirle que Mirian acababa de entrar en el quirófano, y que tardarían una hora hasta terminar. Sergio me dijo que me quedara algún día hasta que a Mirian le diesen el alta, si yo quería. Le contesté que le echaba mucho de menos, y que luego al finalizar la operación le llamaría. En la sala de espera no había nadie. Estabamos los 7 solos. Elena y Dani demostraron llevarse fatal. Álvaro trataba de poner la paz, mientras Blas chateaba por el whatsapp. Carlos y David hablaban sobre su viaje a París. Y yo no podía dejar de pensar en Mirian y Sergio, cuando recibí una llamada. Era Alba, esa chica tan maja que conocí en twitter y que poco a poco se convirtió en una gran amiga para mí. Ya le había contado lo que había pasado y por qué tenía que haberme venido de Sevilla, y me dijo que en nada llegaría al hospital con Leti, otra chica increíble que también conocí por la red social. Tardaron en llegar, pero el panorama seguía exactamente igual. Unos discutían otros hablaban y el otro chateaba. Vino Alba y me dio dos besos, hizo lo mismo con Elena y los chicos. Leti era más tímida y tuve que presentarla a todos. 
Estuvimos una hora esperando hasta que salió el médico diciéndonos que había habido alguna complicación en la operación, que Mirian debía dormir 24 horas seguidas por el tema de la anestesia.
Leticia: Espero que se recupere pronto. 
Alba: Sí.
Llamé a Sergio y le dije lo que pasaba. Él me dijo que no preocupase, que me quedase en Madrid el tiempo necesario.
Blas: Quiero que se recupere pronto.
Dani: Claro que sí Blas, para darle abrazos y besitos. 
Elena: Que gracioso, ¿no?
María: Va chicos, dejad de pelear, aunque solo sea por hoy. Hacedlo por Mirian. Quiero que cuando abra los ojos os vea sin discutir, eso la ayudará a recuperarse antes.
David: Sí, María lleva razón. Dejad ya de discutir, tenéis que llevaros bien. Todo será mejor.
Recibí una llamada. Era Tomás, aquel chico que conocí en Sevilla. Salí de la sala de espera, a la calle.
María: Hola, eres Tomás, ¿verdad?
Tomás: Así es. ¿Qué tal todo?
María: Bueno, ahí andan las cosas. ¿Cómo que tú llamándome?
Tomás: Vi una foto de la Torre del Oro, y me acordé de ti. ¿Qué pasa?
Le conté lo que había pasado, y me dijo que no me preocupase, que todo saldría bien. 
Tomás: Bueno, y ahora que estás aquí en Madrid, ¿qué tal si te vienes a un partido?
Él era el portero del equipo filial del Real Madrid, el Castilla.
María: No quiero estar mucho tiempo fuera del hospital por si hay novedades.
Tomás: Solo serán dos horas. ¿Cuándo paso a recogerte, y dónde?
María: No sé si iré, mañana a las 10 te llamo y si eso quedamos.
Entré a la sala de espera.
Carlos: ¿Quién era?
María: Un amigo, que quiere que vaya mañana a verle jugar al Di Stefano. Pero no quiero estar lejos del hospital, por si pasa algo.
Álvaro: No va a pasar nada. 
Alba: Tú vete y disfruta. Si por un casual Mirian despierta, yo te llamo. Vete con tu amigo.
María: Es que no me parece bien.
Leti: Cariño, Alba lleva razón. Vete y olvídate por momentos del asunto.
Elena: Yo creo que hoy dormiré en casa. María, ¿tú vienes?
María: No, me quedaré aquí. No quiero dejar sola a Mirian.
Alba: Si quieres hacemos turnos de guardia.
Leti: Claro. Así tú también descansas.
María: Bueno, vale. Pero me quedo aquí.
Carlos: Yo también me quedaré.
Blas: Y yo. No quiero que le pase nada. Y si despierta quiero verla.

lunes, 23 de enero de 2012

Capítulo 20: Viaje relámpago, PARTE I. Mirian en el quirófano.

A la mañana siguiente, recibí una llamada. Era Elena. Resulta que a Mirian la acababan de atropellar y estaba algo grave. Me asusté, me sentía culpable, por no estar allí. Se lo conté a Sergio, él me dijo que fuese a Madrid si así me sentiría mejor. Él no podía venir porque tenía que entrenar, pero yo no estaría mucho tiempo lejos. Hice la maleta corriendo mientras Sergio conseguía el billete más temprano.
Sergio: No te preocupes por mí. Estaré bien. 
María: Pero te voy a echar mucho de menos. 
Sergio: Y yo a ti cielo.
María: Te prometo que será poco tiempo.
Sergio: Estate allí lo que necesites, tu amiga te necesita. 
María: Y yo te necesito a ti. 
Me besó suave pero apasionadamente. Nos fuimos a la estación.
Megafonía: El tren con destino Madrid saldrá en 10 minutos. Pasajeros al tren.
María: Cuando llegue te llamo. Te amo.
Sergio: Está bien. Te adoro princesa.
Nos abrazamos. Entre al tren. Esperó a que saliese el tren y agitó la mano despidiéndome. Salí a las 8:45h y en 2 horas y media estaba en Madrid. Llamé a Sergio para decirle que había llegado bien. Después a Elena.
María: Elena, ¿en qué hospital estáis?
Elena: ¿Ya has llegado? En el Infanta Leonor.
María: Vale, ya salgo para allí. Voy a coger un bus. Lo que me cueste ir.
Elena: Bien, no te preocupes. A Mirian la operan esta tarde. 
María: ¿Cómo que la operan? Bueno luego hablamos, cuando vaya llegando te mando un sms, que subo ya al autobús. Un beso.
Elena: Adiós.
Llegué en una hora, ya que hubo unas retenciones. Me contestó Elena diciéndome en qué planta estaban. Subí a la 4ª planta.
María: (Casi susurrando) Hola chicas. 
Elena: (Gritando) María, cielo. ¿Qué tal el pelos rubio?
María: ¿Te refieres a Sergio?
Elena: Así es.
María: Pues bien, en Sevilla que se ha quedado. Le quiero mucho.
Elena: Enamorada de la vida.
María: ¿Y qué tal Mirian?
Elena: Se ha tomado la pastilla para los dolores y se ha quedado frita hace media hora.
María: ¿Pero qué le pasó?
Elena me lo contó, y pasamos tiempo charlando sobre el tema y más cosas. 
Elena: ¿Sabes que el día de antes del acidente conocimos a unos chicos muy majos?
María: ¿Sí?
Elena: Sí, van a venir esta tarde a ver a Mirian antes de que la operen. Uno se quedó prendado al verla. 
María: ¿Pero ibais las dos solas?
Elena: No, quedamos con Irene y Carla que llamaron a Mirian para dar una vuelta.
María: Ah vale. 
Elena: ¿Cuánto tiempo te vas a quedar aquí en Madrid?
María: Lo que sea necesario. 
Elena: Vale. 
Se pasó la mañana muy rápido, aunque Mirian aún no había despertado. Elena me preguntó si bajaba a comer algo. La cafetería estaba en la planta baja.
María: No, yo me quedo aquí por si Mirian se despierta. Si eso cuando subas tú ya me bajaré a por algo.
Elena: Si quieres te subo un sandwich. 
María: No te preocupes, luego bajo yo, enserio.
Elena bajó. Eran las 15:00h. Llamaron a la puerta de la habitación y abrí. Eran 5 chicos, a cual más guapo. Me dijeron que si aquí estaba Mirian y les dije que era amiga suya. Se presentaron. 
David: ¿Tú eres la sevillana?
María: Jajaja, bueno... yo soy madrileña, pero llevo medio mes viviendo en Sevilla.
David era un morenzao, alto y muy simpático. Siempre sonreía.
David: Yo soy granadino. 
Blas: ¿Qué tal está Mirian?
Blas es el que se había quedado enamorado de Mirian al verla. Era algo más bajito pero con unos ojos azules increíbles. 
María: En todo el tiempo que llevo aquí, no se ha despertado. A las 17:00h. la operan. 
Estuve hablando con Dani, Carlos y Álvaro, que eran amigos de David y Blas, hasta que subió Elena.
Elena: Chicos, habéis venido. Muchas gracias.
María: Llevan como media horita aquí. 
Elena: ¿Y Mirian se ha despertado?
María: No. Bueno, me bajo a por algo. Subo en nada.
Aproveché para llamar a Sergio. Le conté que Mirian seguía dormida y que en menos de hora y media la operaban. Le deseó suerte. Me compré un bocadillo de jamón en una cámara expendedora. Una enfermera me preguntó si era familia de Mirian, y le dije que era amiga.
Enfermera: La operación es en una hora. Debe despertarse media hora antes. Subiremos a por ella para llevarla al quirófano.
María: Está bien. Pero, si ella no se despierta, ¿cómo la despierto?
Enfermera: No se preocupe, señorita. Subiré en 10 minutos para ver que tal va. Y si eso ya llamaré al doctor. 
María: Vale. Muchas gracias.
Subí a la habitación. Mirian seguía dormida. Les conté lo que me acababa de decir la enfermera. 
Elena: ¿Qué se piensa, que nosotras no sabemos cómo despertarla?
Dani: La enfermera prefiere que no le pase nada, ellos saben como despertar a un enfermo.
Pronto me dí cuenta que Elena y Dani no se llevaban muy bien. Según me contó Elena, Álvaro era genial, y para mí que le gustaba. Subió la enfermera en poco tiempo, acompañada del médico. Nos hicieron salir de la sala. En poco tiempo salieron y nos dejaron entrar. Mirian ya estaba despierta y se alegró al verme. Le pregunté si estaba mejor, y me dijo que sí. En pocos minutos llego una chica, y se llevó a Mirian al quirófano. Nos dijo que tardarían bastante tiempo. Tenían que operarla de las piernas, los brazos y unos coágulos de sangre que se le habían formado con el golpe. El derrame no era muy extenso, y por suerte no en zonas del cerebro cercanas a lo vital. 

sábado, 5 de noviembre de 2011

Capítulo 19: Primera semana en Sevilla

La primera semana se me pasó rápido, muy rápido. Fui al instituto para ver si había plaza para poder hacer el curso. Tuve suerte, me cogieron. Las clases empezarían en septiembre. Aún tenía unos días para preparar el material. Acompañé a Sergio a los entrenamientos. El finde lo tenía libre, ya que la selección se había concentrado. El sábado vinieron a comer René con Vania y la peque. Por la tarde fuimos Sergio y yo al cine. Luego cenamos por ahí. Al terminar de cenar, fuimos a un cine cercano y vimos una película. Esa semana estuve tranquila. Sergio entrenaba todas las mañanas, y algunas tardes. Cuando volvía, algunos días íbamos de compras y otros nos quedábamos de tranqui en casa.
Esa semana nos vino muy bien, fue cuando realmente conocí a Sergio. el domingo estuve hablando por skype con mi madre.

MadreMaría: Hija, no te fíes mucho, pero si ves que es buen chaval y a ti te gusta, adelante. Nosotros no sé cuando iremos para allí, pero intentaremos ir lo antes posible.
María: Mamá, no te preocupes, me trata genial. Bueno, pues que todo vaya bien. Yo ahora no estoy en Madrid, estoy en Sevilla.
MadreMaría: ¿¡En SEVILLA!? Yo pensé que estabas también con Mirian.
María: No, Mirian se quedó en Madrid, yo me vine, y además me he apuntado ya al instituto de aquí.
MadreMaría: ¿Y lo del insti de Madrid? ¿Que pasa que por un chico vas a olvidarte de estudiar? 
María: Pero mamá, aquí también vale lo de la matrícula de selectividad.
MadreMaría: Bueno, espero que saques el curso bien, y que nadie te haga olvidarte de tus sueños. Por cierto, ¿cuántos años tiene este chico, Sergio?
María: Tiene 17.
MadreMaría: ¿Uno más que tú? 
María: Sí. Bueno mamá te dejo, que vamos a cenar. Os quiero.
MadreMaría: Pero...
María: Dime.
MadreMaría: ¿Conoces a su familia, no? Me mandaste un mail.
María: Sí, son muy majos.
MadreMaría: Osea, ¿qué esto va enserio?
María: Jajajaja, supongo.
MadreMaría: Bueno os dejo, que os aproveche. Te quiero mucho pequeña.
Mi madre no estaba muy convencida en la relación, pero yo la dejé más tranquila. Para mí, Sergio fue un gran apoyo en todos los sentidos.